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EL VERDADERO SOCIALISMO DEL SIGLO XXI : EL ECOSOCIALISMO POSTMODERNO NO DESARROLLISTA

vendredi 19 juin 2009, par Elías Capriles

Articulo publicado por la Revista Estudios Culturales, Vol. 2, Nº 4, julio-diciembre 2009.contacto

La crisis del oikos como reducción al absurdo del capitalismo

La victoria del Occidente capitalista en la guerra fría y el desmoronamiento de la falsa alter-nativa que ofrecían los pseudosocialistas sistemas marxistas-leninistas permitió quitarle el maquillaje social al egoísmo económico y dar rienda suelta a las formas más extremas y per-niciosas de éste, al tiempo que la informática y otros adelantos hacían prescindible a un número creciente de asalariados, provocando despidos masivos y reduciendo salarios —a raíz de lo cual se compraría menos y las empresas comenzarían a declinar—. También permitió que inversiones especulativas / capitales golondrina saquearan las economías periféricas para que mayores fondos fluyesen hacia la metrópolis por una vía alterna al comercio y a los dividendos de las inver-siones a largo plazo —lo cual, sin embargo, introdujo un factor de desestabilización financiera justo cuando la reducción del poder de compra de los países periféricos y de grandes sectores de las poblaciones de las metrópolis hacía que las economías de éstas se contrajeran—. Así pues, ni siquiera aunado al pago infinito de intereses por los países del Sur, la impresión de dólares no respaldados que absorben otros Estados y el resto de las viejas y nuevas tácticas del neocolonialismo, pudo ello balancear el déficit comercial y el déficit presupuestario —exacerbado por la guerra de Irak— de los EE.UU. y sostener su boom económico. Por el contrario, los dólares no respaldados que en el país fluyen por la economía desde los contra-tistas federales generaron ahorros a canalizar mediante la adquisición de inmuebles y acciones de Bolsa, depósitos bancarios, etc. : lo primero hizo que, cuando el incremento de la deuda federal y el aumento de precio del petróleo, aunado a la estrategia bancaria de ofrecer dinero a bajo precio para luego subir su valor, etc., hicieron subir las tasas de interés, apareciera la crisis hipotecaria que disparó la crisis económica ; lo segundo hizo que las acciones de bolsa alcanzaran precios muy por encima de su valor real, y lo último hizo que los bancos tuvieran mucho dinero para prestar —todo lo cual originó la ya prevista crisis económica (que predije en un Foro de la UNESCO en 2000 [Capriles, 2005])—. A pesar las fallas de la teoría marxiana (Capriles, 2007a, 2007b)[1], aquí es pertinente recurrir a la tesis de los saltos cualitativos que ocurren cuando la acumulación cuantitativa producida por un sistema económico es demasiado grande para ser manejada por ese mismo sistema, pues desde el punto de vista del capital y sus miopes intereses a corto plazo, el incremento de los flujos financieros y comerciales internacionales hizo que las fuerzas productivas a disposición de la sociedad ya no impulsaran el desarrollo de las condiciones de la propiedad y del sistema económico que produjo el incremento de los flujos en cuestión, sino que, en cambio, lo pusieran en crisis.

La actual crisis económica mundial se diferencia de las retratadas por Marx y Engels (1999) en el Manifiesto Comunista porque por vez primera una crisis tal coincide con los límites al crecimiento impuestos por la contaminación multidimensional (cuyo aspecto más difundido es el calentamiento global), la escasez de materias primas y en general los constreñimientos ecológicos : la actual crisis económica es un aspecto de la crisis ecológica que resultó del manejo económico del oikos. Ésta crisis del oikos produjo la reducción al absurdo del capitalismo y sus valores y actitudes —el individualismo en la raíz de la “carrera de ratas”, la creencia inducida por los propagandistas del capital según la cual la felicidad depende de altos niveles de consumo / un alto nivel de vida / una alta posición social / útiles tecnológicos que hacen la vida fácil, y en última instancia la desigualdad entre los humanos— al mostrar que, de seguir todo como va, ella desintegrará nuestras sociedades y probablemente pondrá fin a la humanidad, casi con seguridad en el presente siglo. No podemos afirmar que el sistema no hallará estrategias que la economía repunte a corto plazo, pero dada la situación ecológica, si podemos afirmar que cualquier estrategia que logre un repunte tal creará las bases para la pronta ocurrencia de una crisis peor. Así pues, aunque no podamos afirmar que ésta sea la crisis económica final del capitalismo, si podemos afirmar que la actual crisis del oikos de la que ella es parte representa la reducción al absurdo del manejo económico del oikos y del capitalismo, y que la misma ocasionará la desaparición de ambas aberraciones.

La reducción al absurdo del marxismo-leninismo

Actualmente en Latinoamérica una serie creciente de gobiernos reivindica valores igualitaristas “de izquierda”. Ahora bien, en vez de basar su ideario en una filosofía surgida para responder a la crisis del oikos que es el signo de nuestro tiempo, la mayoría de ellos se basa en el marxismo-leninismo que alcanzó su reducción al absurdo con : (1) el colapso de la Unión Soviética y la adopción del capitalismo por los Estados que resultaron de la desintegración de la ex-potencia mundial, así como por los estados del Pacto de Varsovia, Mongolia, y los que surgieron de la desintegración de Yugoslavia, y (2) la transición en China, desde el sistema económico más cercano al socialismo marxiano logrado en el siglo XX, a la ideología del fascista Vilfrido Pareto según la cual en lo político debe haber un férreo control estatal, y en lo económico el laissez-faire liberal —la cual fue reproducida en gran medida por Vietnam y el resto de los países marxistas del Sudeste Asiático.

En efecto, aunque circunstancias externas —incluyendo la competencia con el capitalismo en términos de los valores de éste— contribuyeron al colapso de los Estados marxistas, las contradicciones políticas y económicas internas del marxismo-leninismo lo condenaban a producir resultados contrarios a los que proclamaba (Capriles, 1994). En lo económico, se creía que donde el capitalismo estuviese tan desarrollado como para no poder ya manejar efectivamente los niveles de riqueza que había producido —cosa que revelarían sus crisis económicas, que como lo señala el Manifiesto comunista destruyen gran parte de dicha riqueza—, el capitalismo tendría que ser remplazado por el socialismo, que en vez de privilegiar a quienes, habiendo acumulado capital mediante la apropiación del producto del trabajo de otros, obtenían beneficios económicos que no resultaban de su propio trabajo, haría que el ingreso dependiese de la productividad del individuo, y sería capaz de manejar mucho mayores volúmenes de bienes y riqueza. El socialismo finalmente produciría tanta riqueza como para poner fin a la escasez, con lo cual entraría en crisis y tendía que ser remplazado por el comunismo —sistema final de la humanidad, en el cual la superación de la escasez permitiría que cada cual produjese según sus capacidades, pero pudiese recibir bienes y servicios según sus necesidades y no según su aporte, mientras que en lo político se habría extinguido el Estado, que ya no tendría que proteger la propiedad, como lo habría hecho desde la aparición de esta última hasta el final de capitalismo, ni tendría que impedir que unos se aprovechasen del producto del trabajo de otro y viviesen del supuesto “producto del capital”, como lo habría hecho en el socialismo—. En consecuencia, también la propiedad y la familia individual podrían desaparecer.

Lo anterior ha sido refutado por crisis del oikos, pues si el capitalismo está a punto de destruir el mundo con su cancerosa creación de “riqueza”, es impensable sustituirlo por otro sistema que cree aún más “riqueza” como condición para que aparezca el comunismo. Este último no puede resultar de la creación de volúmenes de riqueza aún mayores a los que logró el capitalismo antes del estallido de la crisis económica, sino de la revolución de la psiquis que reducirá las necesidades humanas, haciendo que obtengamos la plenitud con niveles frugales de consumo (Capriles, 1994, 2007a, 2007b, 2008, en preparación) —la cual es también necesaria para que la revolución no sea un mero cambio de amos, como sucederá si toman el poder individuos que conservan las estructuras de dominio, control y posesión internalizadas y desarrolladas durante su educación y vida en el sistema actual (Ibidem). Una de las causas principales del colapso de los sistemas marxistas-leninistas a fines del siglo XX es que dicha ideología no tomó en cuenta todo esto (Ibidem).

El marxismo respondía a la creencia en el progreso y el crecimiento, así como a la cosmovisión cientificista, propias del siglo XIX. El marxismo-leninismo, por su parte, fue una interpretación totalitaria del marxismo desde una visión propia de inicios del siglo XX. Para que pueda haber un socialismo del siglo XXI como distinto de los pseudosocialismos marxistas-leninistas del siglo XX, el mismo tendrá que basarse en una teoría que responda a la problemática actual, que es por encima de todo ecológica y espiritual, y no en las teorías, refutadas por la historia, en las que se apoyaron los pseudosocialismos del siglo XX : dada la gravísima situación actual del oikos, una reedición de estos últimos estaría destinada a un fracaso más drástico e inmediato.

La crisis del oikos como reducción al absurdo del proyecto moderno y del error / la alienación del cual éste es un desarrollo

Lo que se ha reducido al absurdo y tiene que superarse no es sólo el capitalismo y la alternativa propuesta por el marxismo-leninismo, sino el ideal moderno del progreso y el desarrollo del cual ambos sistemas son expresiones —lo cual ha hecho imperativo alcanzar la verdadera postmodernidad—. A fines del siglo XX filósofos menores designaron a su época como postmoderna, mientras otros objetaban que lo que se llamaba postmodernidad era la etapa avanzada de la modernidad en la cual todo lo que tiene que ver con ella había entrado en decadencia. Concordando con los segundos, aquí se afirma que ello se debe a que el proyecto moderno, todo lo que se desarrolló con él, y aquello de lo cual dicho proyecto es un desarrollo, ha alcanzado su reducción el absurdo en la crisis del oikos. La modernidad —caracterizada por el mito del progreso y la creencia en que el crecimiento industrial y económico, los avances tecnológicos y así sucesivamente, perfeccionarían cada vez más, tanto a nuestra especie como a sus condiciones de vida, e incluso en que el cambio y la innovación son buenos en sí mismos— es la etapa del ciclo cósmico temporal en la cual el error / alienación que se considerará a continuación y todo lo que se desarrolló con él completa su reducción al absurdo, pues sus efectos —la crisis ecológica que nos ha llevado al borde de la autodestrucción— demuestran que no funciona. En consecuencia, la postmodernidad tiene que ser el período posterior en el cual el error / alienación en cuestión y todos los tipos de alienación que se desarrollaron a partir del mismo —y en particular el mito del progreso, de la ciencia como productora de verdad, y del desarrollo económico e industrial— se han superado, y se ha iniciado una era de Comunión, plenitud, igualdad y armonía. Está claro que dicha era no ha comenzado, pues el error / la alienación sigue desarrollándose, y siguen imperando los ideales, creencias y aspiraciones de la modernidad —a los que se suman otros propios de la decadencia de la modernidad, y otros que son reacciones contra la modernidad que resultan de la reducción al absurdo de ésta—. El que intelectuales vanos y vanidosos traten de obtener valor repitiendo las tesis de los filósofos menores que idearon la postmodernidad y lo postmoderno, e intenten concordar con los superficiales valores que se suponen postmodernos, muestra que no se ha superado el culto a la novedad y el aferramiento a las modas propios de la modernidad —lo cual en países “periféricos” traiciona el desprecio hacia lo propio y el encandilamiento con las supuestas luces parisinas—. Está claro, pues, que nos hallamos en un período de crisis como lo definió Bertold Brecht : cuando “lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer” —que es cuando, según Antonio Gramsci, “se dan las condiciones para hablar de tragedia”.

Los falsos postmodernos afirmaron que los metarrelatos totalizadores propios de la modernidad que ha sido superada deben dar lugar a petit récits (pequeños relatos) locales y fragmentarios. El postmodernismo derechista proscribe, en particular, los metarrelatos que muestran la vía hacia una sociedad armónica e igualitaria, acusándolos de dar continuidad a la visión moderna según la cual la evolución espiritual y social de la humanidad conduce a un paraíso al final de la historia. Ahora bien, en tanto que vivenciamos los pensamientos como absolutamente verdaderos o falsos, los metarrelatos de nuestra civilización, sociedad, grupo cultural / subcultural / contracultural, o ámbito ideológico, determinan de manera subliminal los supuestos en base a los cuales construimos la experiencia y organizamos nuestras vidas. Esto les ocurre a quienes proscriben los metarrelatos totalizadores pero dan por sentado tesis tales como... que no hay alternativa para el capitalismo, o que nos hemos perfeccionado con respecto a los seres humanos primitivos, o que la técnica en su forma actual es beneficiosa y no hace falta remplazarla por otra diferente, o que somos más ricos que los humanos de eras anteriores, o que el pensamiento europeo contemporáneo es más perfecto que los antiguos o de otras latitudes —y en particular que es imposible alcanzar el estado de Comunión propio de la tradición dionisíaca y sus equivalentes en Asia, en el que se han disuelto los límites propios de la experiencia condicionada por el pensamiento y que en consecuencia es absoluta plenitud—[2]. Los metarrelatos que, por no reconocerse como tales, condicionan a tales ideólogos, son destructivos y generan sufrimiento, mientras que el que aquí presento podría ser la clave para poner fin a los efectos destructivos y generadores de sufrimiento del error, del capitalismo, y de la modernidad a él asociada. (La necesidad de remplazar la forma actual de la técnica por otra radicalmente diferente fue afirmada por Marcuse [1972, p. 61], para quien la liberación de los humanos y del resto de la naturaleza —y, yo agregaría, la supervivencia de ambos— requeriría una nueva ciencia basada en un interés —y por ende en una racionalidad— no instrumental, y en una visión de la naturaleza como “una totalidad de vida a proteger y cultivar” y no como un útil a usar y manipular : según Marcuse, ello transformaría las ciencias, que sin perder su carácter racional —yo diría : haciéndose al fin genuinamente racionales— llegarían a conceptos esencialmente diferentes de la naturaleza y establecerían hechos esencialmente diferentes).

Es porque en los pensadores “postmodernos” los presupuestos de la modernidad no acaban de morir y lo verdaderamente postmoderno no acaba de nacer —lo cual hace de su autodefinición como postmodernos una quimera y un engaño— que ellos desestiman como un gran metarrelato a superar en la postmodernidad, en la cual sólo valdrían los pequeños relatos fragmentarios, la visión de la evolución a la que acaba de hacerse referencia —sin percatarse de que sus pequeños relatos surgen del estado fragmentario de error / alienación que Heráclito llamó lethe, que el Buda designó como avidya, y que en parte es el error que Spinoza definió como “lo incompleto y abstracto”, cuyo grado más extremo de desarrollo originó el proyecto moderno—. Para Spinoza el mismo consistía en tomar los entes, que no son substancias sino modos, como si fuesen todos independientes, ignorando que son partes de un sistema total : la naturaleza, que como lo expresa la frase Deus sive natura, era Dios mismo. En su carta XXXII [3] a Oldenburg (Garrett, 2003, pp. 46-49) él imagina un parásito inteligente que viviera en el torrente sanguíneo (y cuya percepción dividiera la sangre en gotas) e intentara comprender su ambiente : cada gota de sangre le parecería un todo independiente y no una parte de un sistema total. Puesto que sólo se puede entender la sangre en el contexto del sistema más amplio donde ella interactúa con la linfa y otros fluidos —el cual es a su vez parte de un todo aún más amplio— el bicho no entendería nada. Lo mismo le ocurre a quien percibe los cuerpos que lo rodean como independientes y las relaciones entre ellos como contingentes y dadas, pues para captar la naturaleza de la parte, en cuanto ella está determinada por su rol en el sistema total, habría que aprehender la verdadera condición del todo.

El Buda ilustró la avidya con el relato de los ciegos que trataban de determinar la identidad de un elefante que aparece inicialmente en el Udaana (Shakyamuni 1982, pp. 66-68 ; Venkata R., 1966, pp. 49-50 y nota 138, p. 344) y luego en el Tathagatagarbhasutra del Mahayana (Dudjom Rinpoché, 1991, vol. I, p. 295), y lo mismo hicieron más adelante los poetas sufíes en países musulmanes : el que palpó la cabeza afirmó que era una vasija ; el que asió la oreja aseveró que era un abanico o una canasta para limpiar arroz ; el que tanteó la trompa dijo que era un gancho de hierro o una manguera ; el que tocó los ojos dijo que eran un par de tazones ; el que agarró la cola dijo que era una cuerda o una serpiente ; el que puso su mano sobre el lomo concluyó que era un trono, y el que abrazó una pierna decidió que era un pilar : cada uno de ellos se aferró a tal grado a su perspectiva parcial, tomándola por una visión precisa de la totalidad, que discutieron largamente sin ser capaces de ponerse de acuerdo con respecto a la naturaleza del objeto frente a ellos.

La lethe o avidya surge de la abstracción / alienación de segmentos del continuo de lo dado : (1) la división sujeto-objeto nos hace sentir que nos hallamos a una distancia del continuo de plenitud que según la física actual es el universo y experimentar la carencia de dicha plenitud —cuya exacerbación hace que en la modernidad intentemos colmarla por medio del consumo— y sentir que el mismo es algo ajeno a nosotros que nos amenaza —cuya exacerbación hace que en la modernidad intentamos dominarlo—, y (2) la división figura-fondo, que depende del foco de atención consciente que aísla la figura del fondo —el cual se hace progresivamente más estrecho y hermético a medida que se acentúa lo que una tradición ligada al Tantra Kalachakra llama “pequeño espacio-tiempo-conocimiento” (Tarthang Tulku, 1977) y que el Buda ilustró con el ejemplo de una rana que, habiendo estado confinada toda su vida al fondo de un aljibe, creía que el cielo era un pequeño círculo azul— y la comprensión en términos de conceptos intuitivos de la figura que la percepción ha abstraído como siendo en sí misma tal o cual ente substancial —lo cual implica la confusión de los mapas conceptuales con el territorio de lo dado—. Cuando la falsa apariencia de aislamiento e independencia de dichas figuras con respecto al resto del ecosistema y del universo en general alcanza un umbral, surge la modernidad, en la cual, ignorando las interconexiones ecológicas, intentamos destruir las figuras que nos amenazan o molestan y apropiarnos de las que queremos aprovechar, sin percatarnos de que con ello destruimos la biosfera. Es por esto que antes se señaló que obtener plenitud con bajos niveles de consumo y superar la crisis ecológica depende de una revolución en la psiquis.

Aplicando a lo anterior conceptos que provienen de Hegel y del marxismo, pero que he reinterpretado de una nueva manera (Capriles, 1994, en preparación), la crisis ecológica es la gran contradicción que revela el error como tal y refuta la alienación antisomática (Capriles, 2009, en preparación), la razón instrumental, la ratio technica y lo que Edgar Morin y otros han denominado “pensamiento simple”, que surgieron del desarrollo de ese error y produjeron el proyecto tecnológico, demostrando que el error, y la razón, el proyecto y el pensamiento que produjo no funcionan. Tener plena conciencia de esto es la condición de posibilidad de la revolución total que haría posible nuestra supervivencia y daría inicio a una nueva era de sabiduría, plenitud y armonía. Nuestra evolución espiritual y social ha sido un proceso de desarrollo paulatino del error / alienación y la fragmentación, el cual ha producido las relaciones instrumentales de proceso primario que nos hacen tratar a los otros seres humanos y a la naturaleza como medios para lograr fines egoístas —y en general todo lo que ha de ser superado para que pueda restaurarse la armonía primordial y sobrevenga una nueva Era de la Verdad (satyayuga), Edad de Oro o Era de Perfección (krityayuga), o algo equivalente a ella (como el Milenio de los Apocalipsis, del Tantra Kalachakra y de los Ismaelitas)—. Como señala, en el marco de una cosmovisión diferente a la aquí expresada, el filósofo, revolucionario y místico hindú Shri Aurobindo (1973) :

El final de un estadio evolutivo está caracterizado por un poderoso recrudecimiento de todo lo que tiene que salir de la evolución.

Ese recrudecimiento permite que se haga evidente que lo que ha de ser superado no funciona. Y, lo que es más importante, al estirar más allá de su máxima resistencia aquello que ha de ser superado hace que reviente, como lo haría una liga. Dadas la relación entre el proceso primario y el secundario (Capriles, 1994, etc.), sólo de esta manera podrá superarse lo que ha de superarse para que surja el ecomunismo, que correspondería a la Era arriba mencionada. Es que, contrariamente a lo que creyó Hegel, nuestra evolución espiritual y social hace que haya cada vez menos verdad (en cuanto ausencia de error) y menos completud (en cuanto no fragmentación de nuestra experiencia del mundo). El error en discusión impide la comprensión global y precisa de lo que experimentamos y conocemos, y sin embargo en siempre tenemos la ilusión de estar comprendiendo global y cabalmente la totalidad. Ilustrando el ecosistema con el elefante de la metáfora, el proyecto moderno ha sido un intento de destruir las partes que para los ciegos son amenazadoras y apropiarse de las que son fuente de confort o de placer, que de este modo ha ido destruyendo el ser vivo del que somos parte y del que depende nuestra supervivencia [4].

Quienes insisten en la necesidad de elaborar sólo petit récits locales y fragmentarios están poseídos por el error / alienación que posee a la totalidad de la humanidad, y sus relatos responden a él y en particular a aquéllos de sus aspectos que he llamado alienación perceptual y cognitiva, y a la deriva de estos últimos que he designado como alienación antiecológica, que consiste en la incapacidad de aprehender la totalidad y las relaciones que en ella tienen las partes que abstrae nuestra percepción (Capriles, 2009, en preparación). Más aún, los pequeños relatos inconexos, que tanto sus autores como los lectores que los adoptan toman por la realidad en la medida en que están poseídos por la confusión del mapa con el territorio, responden a un condicionamiento por ideologías totalizadoras del tipo que sus autores afirman no tener, y en cuanto los mismos parten de la perceptiva perceptual fragmentaria que ilustra la fábula de los hombres con el elefante y la refuerzan, y las ideologías totalizadoras subyacentes que afloran en ellos de manera fragmentaria son díscolas, contribuyen al desarrollo de la crisis actual. El problema no radica, pues, en la elaboración de metarrelatos totalizadores, sino en no percatarse de que se está condicionado por ellos —lo cual es tanto más grave cuando los mismos surgen de una perspectiva fragmentaria y justifican la destrucción de la biosfera, la subyugación y la explotación de otros individuos, y así sucesivamente.

En mis obras presento un metarrelato totalizador alternativo a los del capitalismo y la modernidad, que es necesario para guiarnos desde la actual decadencia de la modernidad a la verdadera postmodernidad constituida por lo que aquí se designa como ecomunismo (Capriles, 2007a). El mismo muestra que el dualismo, la substancialidad, la pluralidad y la concreción que se manifiestan en nuestra experiencia son ilusiones que surgen del error / la alienación que se halla en la raíz de la crisis ecológica, y que los conceptos, los juicios, las ideas y los ideales no son absolutos en cuanto todo lo que puede ser pensado tiene que tener un género próximo y una diferencia específica (o cuando menos la segunda) y como tal es relativo a ello. Este reconocimiento de la relatividad de lo relativo, en vez de dejarnos sin un principio rector y un punto de referencia, debe ir de la mano con la desocultación, en el estado de Comunión, de la verdadera condición de la realidad que, en cuanto es el absoluto, no puede ser concebida por el pensamiento, y hacernos conscientes de que los distintos cursos de acción relativos no son equivalentes, pues sólo los que conducen a la erradicación del error / la alienación y al establecimiento del ecomunismo pueden hacer posible la supervivencia de nuestra especie, dotar nuestras vidas de verdadero Sentido, y generar una nueva era de Comunión y por ende de plenitud en la frugalidad y armonía en la igualdad.

Lo anterior requiere la deconstrucción de los ideales y las creencias que dimanan del error, y la instauración del ideal de erradicación de éste en la generalización del estado de Comunión. Esto hace imperativo que en nuestra deconstrucción evitemos los extremos encarnados por el monismo esencialista-substancialista-eternalista del filósofo indio de los siglos VIII-IX d.C., Shankaracharya, quien deconstruyó todo menos la unidad, y por el incesante proliferar de la multitud del filósofo francés del siglo XX Jacques Derrida, quien deconstruyó todo menos la différance [5] : al igual que Nagarjuna, tenemos que deconstruir todos los conceptos, los cuales sin excepción son extremos en la medida en que se definen por contraste con otros conceptos, estableciendo de este modo la verdadera condición de toda la realidad, que no entra en concepto alguno. Y, al mismo tiempo, tratar de establecer cómo ha de ser y cómo podrá realizarse la Revolución total que establecería la nueva era de Comunión, plenitud en la frugalidad y armonía en la igualdad que aquí llamo ecomunismo. Solo un sistema que haga esto puede ser genuinamente postmoderno, ya que sólo él puede conducirnos hacia la verdadera postmodernidad.

El proyecto decrecentista en Francia y un proyecto decrecentista para Latinoamérica

Lo que sigue es una lista de algunos de los planos en los que es imperativo lograr un decrecimiento, la cual se presenta aquí como núcleo de un programa político mínimo que es necesariamente incompleto en cuanto la selección se hizo rápidamente mientras se escribía esta sección, partiendo del ideario del partido Decrecentista u “Objecteur de croissance” de Francia [6] —que hube de adaptar a una dimensión más universal, en cuanto el ideario en cuestión estaba diseñado para Francia, y de ampliar y organizar de una nueva manera, en cuanto el mismo eran sumamente sucinto—, e incorporándole lo que fue viniendo a mi mente al escribir esta sección. En particular, el programa decrecentista en Francia, quizás por miedo de espantar a potenciales electores, no hace mención de la imperativa necesidad de reducir las diferencias económicas entre países “ricos” y “pobres”, sino que se limita a preconizar la reducción de tales diferencias dentro de cada país. En todo caso, el resultado final fue la siguiente lista de “decrecimientos” a implementar :

• Un decrecimiento de las desigualdades, a nivel de cada país, a nivel de cada continente y a nivel del planeta. Este decrecimiento es de la mayor importancia en cuanto ya no es posible hacer crecer el pastel, por lo cual el asunto de su receta y de su repartición se ha hecho de primera importancia. El objetivo inicial, implementarse por la vía regulatoria, es que el ingreso máximo per capita, en términos reales —tales como cantidad de comida, calidad de la habitación, calidad y cantidad de ropa, etc.— y no de abstracciones monetarias, no sea más de cuatro veces mayor que el ingreso mínimo. En una primera etapa, se debería lograr que las diferencias de ingresos no excedan esta proporción entre los habitantes de cada país, y que tampoco la excedan las diferencias entre los ingresos medios per capita —calculados en los términos ya señalados— de los distintos países ; luego, en una segunda etapa se debería lograr que las diferencias entre los ingresos no excedan esta proporción entre los habitantes del planeta en su totalidad (algo que sólo podría ser hecho posible por lo que Serge Latouche [2004] llamó una “pedagogía de las catástrofes”). Ahora bien, con el avance de la transformación relacional-psicológica, a la larga debería hacerse innecesario imponer proporciones como éstas por la vía regulatoria y el principio económico que tanto Marx como Kropotkin atribuyeron al comunismo debería establecerse espontáneamente —con lo cual se podría lograr un grado de igualación de los ingresos todavía mayor, aunque no absoluto—. (El principio que aquí se ha propuesto para el ecosocialismo no corresponde al que propuso Marx para el socialismo, ni al que propuso Bakunin para el colectivismo).

• Un decrecimiento del gigantismo que haga posible que la economía, las unidades de producción y los centros de población vuelvan a tener una talla a nuestra medida, de modo que el ambiente social y natural permita que todos puedan aplicar cómoda y seguramente los medios que hacen posible el acceso al estado de Comunión, y que en el estado de post-Comunión cada individuo pueda vivir armoniosa, comunicativa y dignamente. Esto debe ser implementado en por lo menos tres planos, de modo que se logre :

— Un decrecimiento del gigantismo en la industria, así como de la gran producción y la gran distribución, y de los métodos de producción deshumanizadores y contaminantes, que al final los erradique completamente. La industria debe tener una escala a nuestra medida y su tecnología debe ser mucho más liviana e integrarse armónicamente con la biosfera en vez de destruirla, y la estructura y función de los modos de producción debe ser comunicativa, hacer que el trabajador se sienta realizado en la labor que realiza y responder a las verdaderas necesidades humanas y no a las creadas por la ingeniería social o por el capital. A medida que ello se vaya haciendo posible, se iría retomando la producción artesanal por pequeños productores organizados en comunas autogestionarias plenamente autónomas para decidir qué es lo que han de producir y qué van a hacer con sus productos, cuya dinámica permitirá que el trabajo dilate el ánimo y se experimente como teniendo sentido —lo cual es particularmente importante para los jóvenes—. En concordancia con las propuestas de Pyotr Kropotkin y William Morris esto debe ir mano a mano, a medida que ello se vaya haciendo posible, con un decrecimiento gradual de la división del trabajo en agrícola e industrial, manual e intelectual, y así sucesivamente, de modo que al final todos realicen actividades que produzcan lo necesario para la vida, así como las que sean de su agrado entre las que hasta ahora se consideraron creativas. Sin que lo dicho hasta aquí nos haga establecer moldes preconcebidos, debemos sopesar todas las propuestas sobre la transformación de la tecnología, y en particular las interesantes ideas de Iván D. Illich (1971, 1974a y 1974b), E. F. Schumacher (1973), Armory Lovins (1977, 1978 y 1980) y Barry Commoner (1979), entre otros.

— Un decrecimiento del gigantismo en la producción agrícola y pecuaria, de la mecanización en gran escala de la agricultura, de los monocultivos y de la quimioterapia de la tierra, que permita que los alimentos se produzcan localmente y que su producción, en vez de dañar la ecosfera, incremente la biodiversidad. Esto implica la transferencia de las tierras de cultivo de los latifundistas y de la agroindustria a los agricultores, idealmente agrupados de manera natural en comunas, de modo que puedan cultivar los productos que ellos escojan y que el pueblo necesita para su adecuada alimentación (lo cual significa que serán radicalmente diferentes de las comunas de los países marxistas del siglo XX)[7]. De entrada, en la agricultura se dejaría de emplear organismos modificados genéticamente, los cuales, entre otras cosas, son muy a menudo cancerígenos —en cuanto están programados, bien sea para producir venenos, bien sea para resistir mayores dosis de omnicidas cuyos residuos impregnan los alimentos— y son susceptibles de contaminar por polinización al resto de los miembros de su especie, a raíz de lo cual ésta en su totalidad se volvería cancerígena y la uniformidad genética resultante permitiría que una plaga a la que fuese vulnerable la variedad sobreviviente la exterminara totalmente. La impostergable transición al cultivo orgánico se iniciaría con la preparación conservacionista de los campos y la incorporación de cultivos de cobertura y absorbedores de nitrato en el ciclo de rotación, para luego poder prescindir de fertilizantes y plaguicidas químicos. En la producción cárnica, se eliminarían las formas intensivas de producción que someten a los animales a modos de vida perversos y que los tratan con hormonas y antibióticos de manera rutinaria, perjudicando tanto su salud como la de quienes comen su carne. Del mismo modo, se dejaría de emplear grandes cantidades de proteína de soja y de otras fuentes de proteína aptas para el consumo humano en la producción de pequeñas cantidades de proteína animal (cf. Moore-Lappé [1971], Moore-Lappé y Collins [1977a y 1977b], Moore-Lappé, Collins y Rosset con Esparza [1998]), y se nutriría a los animales sólo con nutrientes inútiles para los humanos (en el caso del ganado, principalmente pastos) —lo cual dejaría suficiente proteína para todos, aunque reduciría la cantidad de carne disponible per capita en los países más derrochadores (lo cual, dicho sea de paso, sería muy bueno para la salud de quienes hoy en día consumen demasiada carne tratada con hormonas y antibióticos)— [8]. (Para un trato más detallado de algunos de estos asuntos cfr. Capriles, 1994, 2006, 2008ª, en preparación).

— Un decrecimiento del gigantismo de los centros poblados. En la década de 1980 estudios soviéticos realizados desde satélites artificiales revelaron que las grandes ciudades son como tumores en el organismo-mundo que deben ser extirpados si dicho organismo ha de sobrevivir, por lo cual el decrecimiento que nos concierne es comparable a una reducción gradual del tamaño de múltiples tumores en un enfermo hasta su final desaparición. Dicho decrecimiento es también la condición de posibilidad de la erradicación del crimen, de los trastornos psicológicos (las psicosis a las que se transforma en mecanismos de destrucción y las neurosis mal encaradas), de la dependencia de “drogas duras” y de los males sociales en general —así como de la recuperación de su carácter comunicativo por las relaciones humanas y del acceso al estado no relacional de Comunión—. Así pues, progresiva pero incesantemente se remplazarán las grandes concentraciones industriales y demográficas por una red de pequeñas comunidades autosuficientes en las que se integren el trabajo agrícola con una pequeña industria acoplada al ecosistema y con actividades espirituales y poiéticas (las estadísticas en Roszak [1978] sugieren que, en los EE. UU., los habitantes de las ciudades en su mayoría preferirían vivir en el campo [9] que en las grandes ciudades, y se mudarían al mismo si encontrasen nuevos medios de vida que les permitiesen hacerlo).

• Un decrecimiento de lo que James DeMeo (1998) llamó “patrismo” y del androcentrismo, junto con la posesión de los hijos por los padres y de estos últimos entre sí, y finalmente la erradicación de las formas verticales y posesivas de la institución social básica. El poeta premiado con el Pulitzer y maestro zen Gary Snyder (1988) sintetizó este propósito con el tercer tipo de decrecimiento del gigantismo propuesto arriba en las siguientes palabras :

Si tenemos suerte, podríamos llegar eventualmente a un mundo de sociedades relativamente pequeñas y mutuamente tolerantes en armonía con su región natural local y unidas entre sí por un profundo respeto y amor hacia la mente y la naturaleza del universo.
Puedo imaginar aún más virtudes en un mundo que patrocine sociedades con descendencia por línea materna, matrimonio de forma libre, economía de “crédito natural”, mucho menos población y mucho más naturaleza silvestre.

Los “clubs de adopción mutua” (CAM) que Aldous Huxley describió en su novela La isla podrían constituir un primer paso en la erradicación del tipo de relaciones que reproduce la familia tradicional [10].

• Un decrecimiento de nuestros apetitos energéticos y del consumo de energía, comenzando con la eliminación inmediata de la energía nuclear y continuando con un decrecimiento progresivo en el uso de combustibles de todo tipo —no sólo de los fósiles, sino también, y con mayor razón, de los agrocarburantes.

En el caso de la energía nuclear, sus subproductos —algunos de los cuales se mantienen activos por cientos de miles de millones de años— tienen un efecto omnicida, cancerígeno y negentópico (esto último no sólo por sus perniciosos efectos sobre las formas de vida, sino también porque a partir de un umbral de dosificación “borran” los códigos genéticos de los seres vivos). El problema es que no hay manera de aislarlos tan herméticamente como para evitar que una pequeña parte se cuele al medio ambiente durante su extracción de los reactores y el transporte subsiguiente (aunque las predicciones científicas no son fiables, según Nader y Abbotts [1977] y Capra [1982], si la industria estadounidense pudiese aislar su plutonio del medio ambiente con una efectividad del 99,99% —lo cual constituiría un milagro tecnológico— esa industria sería responsable, sólo en los EE. UU., por 500.000 casos fatales de cáncer pulmonar al año a partir del año 2.020, incrementando la tasa de mortalidad en un 25%). Del mismo modo, no hay manera de mantenerlos aislados por más de unos pocos años una vez que se desechan. Finalmente, algunos de ellos sólo tienen uso en la producción de armas nucleares, lo cual hace tiendan a incrementar la proliferación.

En lo que respecta a los combustibles, todos ellos producen gases invernadero (y los más sucios además dan lugar a lluvia ácida), mientras que los agrocarburantes, en particular, se elaboran a partir de los alimentos de los que dependen los más pobres —perversión que encarece las especies que se utilizan para este fin, dejándolas fuera del alcance de quienes más las necesitan.

El consumo frugal de energía del que depende la supervivencia de la especie debe tener como fuentes las energías solar, lunar, geotérmica y otras formas sostenibles de producción. La energía solar se puede aprovechar directamente por medio de células fotovoltaicas, hornos solares, etc., o de manera indirecta en forma de energía eólica (en cuanto los vientos son producidos por el calentamiento del aire por la radiación solar) y energía hidráulica en pequeña escala y de bajo impacto (en cuanto las lluvias dependen de la evaporación de las aguas por efecto de la radiación solar). La energía lunar es gravitatoria y se aprovecha por medio del uso de las mareas. Y la energía geotérmica se explica por sí sola.

• Un decrecimiento de la elusión de la responsabilidad sobre la ciencia y la técnica que, en interacción con la transformación psicológica y relacional que es imperativa, resulte en una reestructuración profunda tanto de la ciencia como de la tecnología, que haga que la segunda se integre armónicamente con la biosfera en vez de destruirla —lo cual implicaría la erradicación de la ingeniería genética, de las nanotecnologías (para acceder a una serie de trabajos sobre los enormes peligros y los efectos perversos de estas tecnologías, ver la URL http://www.etcgroup.org/es/los_problemas/nanotecnologia.html?ppage=2&limit=15&language=Spanish&keyword=Nanotechnology), de los omnicidas, de los fertilizantes químicos y de otras técnicas en boga que conducen a impases, aceleran la destrucción de nuestra especie, y en el proceso incrementan las desigualdades, degradan la calidad de la vida, etc. Igualmente, es imperativo el decrecimiento y finalmente la erradicación de todos los tipos de tecnología que maquinizan, mediatizan e instrumentalizan a los seres humanos.

• Un decrecimiento y finalmente la erradicación de la tiranía de las finanzas, que haga que cada sociedad escoja y maneje sus formas de producción e intercambio.

• Un decrecimiento y finalmente la erradicación de la posesión individual exclusiva de bienes de utilidad social, desde los medios de producción hasta los espacios comunes. Lo que se propone no es el reemplazo de la propiedad privada por la estatal, sino la utilización comunitaria y cooperativista de las tierras, las empresas y así sucesivamente.

• Un decrecimiento radical del transporte de mercancías a través del planeta logrado por medio del consumo de productos producidos localmente, que contraste con la “economía de mercado” capitalista, pero que en vez de constituir una economía planificada centralmente sea una “economía de los mercados” fundamentada en pequeñas entidades económicas.

• Un decrecimiento de la velocidad, ya que en las sociedades actuales la aceleración genera cada vez más exclusión entre nosotros, al mismo tiempo que incrementa la ya insostenible contaminación, la maquinización de los seres humanos, y el ritmo del tiempo que ha hecho que la vida humana sea cada vez más fugaz. Hay que hacer innecesarios los trenes de alta velocidad y cada vez menos necesarios los aviones, y finalmente eliminar la forma de vida que depende del automóvil, que se ha hecho insostenible.

• Un decrecimiento de la producción y el consumo masivo de productos culturales que haga posible que todos y cada uno de nosotros sea partícipe en la creación cultural y por medio de ella en la producción de la cultura. Como ya se señaló, esto implicaría la eliminación de la profesión de creador de contenidos culturales (claro está, por lo menos al comienzo, y quizás por siempre, habría individuos con vocaciones y capacidades especiales, los cuales quizás tendrían mayor participación en la creación artística, intelectual y cultural).

• Un decrecimiento de las horas que se dedican semanalmente al trabajo, que comience con la ampliación gradual de los tiempos de descanso comunes (como lo es actualmente el domingo en Occidente) y que a la larga llegue a reducir el trabajo diario, idealmente a los niveles del paleolítico o incluso a niveles menores. Tal como en el caso de la reducción de los niveles de consumo, la condición de posibilidad de esta reducción es la generalización del acceso al estado de Comunión y de los medios tradicionales (por ejemplo, tántricos) que pueden resultar en experiencias de placer total.

• Un decrecimiento del dominio del poder económico sobre los medios de difusión de masas, la Internet y así sucesivamente, y una transformación de los modos de vida que haga posible el decrecimiento de los medios en cuestión, permitiéndonos vivir libres de la adicción a la televisión y a los aspectos alienantes de otros medios. Mientras tanto, la prensa debe ser controlada por las bases, dejando de ser un medio de control social por el capital o por el Estado y de propaganda consumista.

• Un decrecimiento y una rápida eliminación de la publicidad que nos hace atiborrarnos de posesiones o nos hace sentirnos frustrados por no poder costearnos lo que se nos presenta como condición de posibilidad de la felicidad y la satisfacción.

• Un decrecimiento progresivo pero radical de la representación de los ciudadanos por parte de los políticos de oficio que comprenda una transición de la democracia representativa a la democracia participativa y de ésta a la democracia directa, de modo que la participación de las comunidades en la toma de las decisiones de interés colectivo se vaya incrementando gradualmente, y finalmente se puedan eliminar los sistemas de gobierno coercitivo externos al individuo [11]. Esto debe ir de la mano con la revolución cultural y sobre todo psicológico-espiritual que, para comenzar, haría que todos estemos conscientes de cuáles son nuestras verdaderas necesidades y de qué es lo mejor para nosotros mismos, nuestra comunidad, nuestra región, nuestro continente y nuestro planeta —y que finalmente erradicaría las fuentes de la injusticia, de la opresión, de la explotación y de todo lo dañino—. Del mismo modo, ello deberá ir de la mano con el reconocimiento de la sabiduría de los más sabios y la aceptación de una influencia por parte de éstos que, lejos de ser impositiva, tenga carácter horizontal. En pocas palabras, es imperativo lograr una democratización genuina y radical, sin que ello implique cerrarse a la influencia de los más sabios.

• Un decrecimiento de los ámbitos regulados legalmente y de las regulaciones legales que contienen normas a ser implementadas coercitivamente, que debe ir de la mano con el decrecimiento de la alienación en todas sus variedades, en cuanto sería esto último lo que lo haría posible. Considérense los siguientes pasajes de los capítulos 38, 18, 19, 57, 58 y 65 de la versión regular del Tao-Te-Ching de Lao-tse (síntesis de varias versiones) :

Luego de haberse ocultado el Tao, su virtud (te) [intrínseca] estaba todavía activa ; habiéndose perdido su virtud [intrínseca], el amor benévolo (jen) lo remplazó ; habiéndose perdido el amor benévolo, se recurrió al deber y la justicia ; habiéndose perdido la justicia, se puso en su lugar el ritual. El ritual es la fuerza que reprime la compasión y la honestidad y la fuente del desorden y los disturbios ; la inteligencia previsiva y la ciencia son la flor del Tao pero también el comienzo de la locura y la insensatez. Cuando el Tao se ocultó, surgieron la caridad y la justicia ; la inteligencia, el conocimiento y el ingenio dieron lugar a grandes falsificaciones ; la discordia entre los seis tipos de parientes dio lugar a la piedad filial y el amor paternal ; la oscuridad y el desorden en el reino resultaron en la invención de la lealtad del súbdito. Si descartamos el conocimiento y el ingenio la gente obtendrá beneficios inconmensurables ; si descartamos el deber y la justicia surgirán relaciones armónicas ; si descartamos la industriosidad, el artificio, el lujo y la ganancia, desaparecerán el desperdicio y el robo. [Esto sólo puede lograrse por medio de] la desocultación de lo simple, natural e inalterado y el abrazo del tronco no trozado (p’u) [de nuestra condición original]. Mientras más prohibiciones y moralidad hay, más afecta la pobreza al pueblo ; mientras más armas afiladas poseen los Estados, más revueltos se hacen ; mientras más inteligentes e ingeniosos se vuelven los humanos, más monstruosidades proliferan ; mientras más se multiplican las leyes y los decretos, más bandidos y ladrones aparecen. Cuando el gobierno es indulgente e informal la gente es pura e industriosa ; cuando el gobierno es eficiente y severo la gente es díscola y voluntariosa. Controlar una nación por medio de la inteligencia la arruina, mientras que dejarla en paz fortalece y enriquece a la nación…

Notas
[1] Todas las obras citadas del presente autor, excepto Capriles (en preparación), están disponibles en Internet en la URL http://www.webdelprofesor.ula.ve/humanidades/elicap/ (Capriles, 1994, lo está en una versión en proceso de corrección para una segunda edición).

[2] Las tradiciones conectadas al monte Kailash : el shivaísmo en India, el zurvanismo en Persia, el Bön en los Himalayas, el taoísmo en China, y más adelante el budismo tántrico y dzogchén en el Centro de Asia, los Himalayas, India y China... etc. Para una discusión más amplia ver Capriles (2007a) ; hay discusiones menos detalladas en Capriles (2000a, 2003). Alain Daniélou (1987), por su parte, muestra la identidad entre dionisismo, shivaísmo y el culto egipcio a Osiris.

[3] En la traducción al inglés de la correspondencia de Spinoza (1928), esta carta se enumera como 15.

[4] Cfr. Capriles (1986, 1994, 2000a, 2003, 2007a y algunos trabajos cortos).

[5] Ésta es su manera particular de deletrear el término francés différence.

[6] “¿Luces parisinas ?” Para dicho programa, cfr. la URL http://www.objecteursdecroissance.fr.

[7] Lo que fracasó en países marxistas-leninistas no fue la producción agropecuaria comunitaria, sino el control centralizado de la economía, el economicismo, el criterio cuantificador en economía, el dedicar sólo una pequeña parte de la población al trabajo agrícola y poner a la mayoría a producir bienes y servicios antiecológicos e/o inútiles, y los métodos industriales de producción de alimentos. La futura producción agropecuaria comunitaria será radicalmente diferente de la que se impuso en los países marxistas del siglo XX, pues no será planificada desde afuera ni utilizada para sostener actividades cuyos objetivos son antiecológicos, ni será impuesta por un Estado represivo, sino que será adoptada voluntariamente por los productores y estará destinada a la satisfacción de las necesidades naturales de los pueblos.

[8] Hoy en día esta conversión de una gran cantidad de proteína vegetal en una pequeña cantidad de proteína animal hace que, aunque la cantidad de proteína vegetal que se produce sería suficiente para alimentar a la totalidad de la población del planeta, una enorme proporción de los habitantes del planeta no pueda consumir lo que se considera como el mínimo necesario de proteína, y que los más ricos enfermen como resultado de comer grandes cantidades de carne tratada con hormonas y antibióticos.

[9] Según el estudio, “en el campo o en los suburbios” ; ahora bien, puesto que el concepto de “suburbio” implica el de “urbe”, el desmantelamiento de las ciudades habría de implicar el desmantelamiento de los suburbios.

[10] Los CAM eran asociaciones de familias destinadas a permitir que, si los hijos tenían problemas en casa de sus padres, pudieran mudarse a la de otros miembros del mismo club por el tiempo que lo desearan. Este tipo de asociación podría impedir que se sometiera a los niños a pautas relacionales que los empujaran a transformarse en desviantes, “esquizofrénicos” y así sucesivamente.

[11] La versión inicial, muy sucinta, de este último propósito la agregó el profesor Gustavo Fernández Colón al recibir la lista de propósitos enviada por nuestros amigos “decrecentistas” de Francia ; la noche anterior, yo pensé que haría falta agregar algo por el estilo, de modo que al recibir el correo de Gustavo lo incorporé a la lista de propósitos de los franceses, para luego ampliarlo y hacerlo más específico.

REFERENCIAS
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